Dice José Názaro (en su columna de LA GACETA del 04/09), que la degradación de los salarios de los miembros de nuestras Fuerzas de Seguridad, es tan grande, que muchos de ellos refuerzan sus ingresos rebuscándoselas en Uber y que los más calificados emigran hacia el sector privado, llevando consigo todo el bagaje de conocimientos y preparación, productos de una Inversión por parte del Estado. Dice, también, que esta situación es otra “herencia envenenada de los K”, saltando a la vista que al veneno lo carga el columnista. Porque es cierto que el Militar se prepara toda una vida para actuar - tal vez - una sola vez en Defensa de la Patria ante amenaza externa, pero también se prepara para la paz interior y el cuidado de los más vulnerables, tarea que debe ser su evangelio diario. Poco y nada de ello ocurre, desde el primer golpe de estado en 1930, hasta la fecha. Un siglo yendo a contramano de todo y de todos: de la visión bolivariana de una América Latina unida y soberana; de formación y posterior accionar, bajo las normas de manuales imperialistas que dieron vida al Plan Cóndor (que sigue vigente y con más salud que nunca); de interrumpir procesos democráticos durante medio siglo e intentar hacerlo nuevamente siendo ya Raúl Alfonsín presidente; de seguir apaleando, gaseando y disparando a cuerpos y almas argentinas, como fue con los casi 400 asesinados y 800 heridos en el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955 o los 30.000 seres secuestrados, torturados; asesinados y desaparecidos durante la última dictadura cívicomilitar. Como lo fue con Santiago Maldonado y como es con Pablo Grillo. Como lo es cada miércoles en este año 2026 del siglo XXI, contra jubiladas y jubilados (gente peligrosa, ¿eh…?). No debe haber gran cantidad de antecedentes en el mundo de militares bombardeando plazas con madres y niños e inocentes. Tampoco lugares de memoria del terror como el Pozo de Vargas, donde casi 200 crímenes cometidos por uniformados argentinos fueron enterrados, ignorando esos uniformados la fuerza que tiene la verdad, siempre buscando la superficie y la luz del sol, a pesar de tanta oscuridad planificada. El desmantelamiento de nuestras Fuerzas no lo hizo Néstor o Cristina, sino Menem y ahora Milei. Los primeros apostaron por construir el sentido de pertenencia de las Fuerzas nacionales y el desarrollo científico militar. Los segundos alinearon la República con los intereses estadounidenses y cedieron el manejo de la economía y de la seguridad a la Embajada. Los K no dejaron ninguna “herencia envenenada”. Simplemente fueron inflexibles al momento de exigir a nuestras Fuerzas pensar y actuar con sentido nacional y popular belgraniano (espero que esas palabras no asusten a los seguidores del Dios, Patria y Hogar) y a hacerse cargo de su propia historia, para reconstruir los lazos de unión con el pueblo, que rompieron ellos, por cierto. Néstor les dijo en la cara: “no les tengo miedo”, mostrando el nivel de tensión que se vivía, ante tanta construcción de memoria, tanta aparición de la verdad y tanta esperanza de justicia. Con la Ciencia y la Tecnología sucedió y sucede exactamente lo que con las Fuerzas de seguridad y que el periodista denuncia en su columna, siendo ése un tema de real preocupación, porque es inversión estatal y familiar que estamos arrojando al tacho de la basura o a las firmas multinacionales o, también aportando choferes de uber de alto nivel técnico, intelectual y profesional. Herencia neoliberal de la dictadura, de Menem, de Macri y de Milei. Esa sí que tiene veneno y mortal.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
Javierucr1970@gmail.com